Queso · 3 minutos

Quesos peruanos: cuatro estilos para descubrir con una copa de vino

Selección de quesos de distintas texturas con pan y una copa de vino blanco.

Para un piqueo de tarde, sirve choclo caliente con tajadas de queso y una copa de blanco fresco. Ese bocado conocido puede abrir una mesa de quesos peruanos sin que tengas que buscar ingredientes lejanos.

Fresco, paria, andino y mantecoso permiten recorrer texturas distintas sin salir del queso peruano. Las piezas pueden variar entre productores. Para disfrutarlas, imagina primero qué te provoca: un bocado húmedo y lácteo, una tajada firme o un queso blando para acompañar pan.

Queso fresco: el gusto de lo sencillo

Piensa en una pieza húmeda, de sabor lácteo y con una sal que puede ser discreta o bastante presente. El queso fresco se disfruta por esa cercanía a la leche, sin esperar aromas de una larga maduración.

Con choclo sancochado tienes un contraste fácil de reconocer: el grano dulce y jugoso frente al queso salado. Puedes llevarlo a un piqueo con rodajas de tomate y pan. Prueba primero el queso antes de salar el resto; quizá ya tenga todo lo que necesitas.

Para acompañarlo, empieza por un blanco seco de buena acidez. Un Sauvignon Blanc fresco o un Verdejo sin mucha madera son propuestas para mantener el bocado ligero. Si agregas aceitunas o tomate, un rosado seco también encuentra lugar. No hace falta convertir ese plato cotidiano en una ceremonia.

Paria: una mordida más firme

El paria resulta atractivo cuando te provoca un queso que puedas tomar con los dedos y morder con gusto. INACAL lo describe como compacto, firme y ligeramente elástico. Esa textura ofrece un contraste claro frente a una pieza fresca más húmeda.

Córtalo en bastones o tajadas y acompáñalo con papa sancochada. Una rodaja de pera puede aportar un descanso jugoso entre bocados; unas nueces suman algo crocante.

Con una pieza suave, el rosado seco es un buen punto de partida. Si el queso tiene una intensidad más marcada, puedes darle espacio a un tinto frutal de tanino moderado. Busca una copa que deje saborear el queso después del sorbo, en lugar de una que domine toda la mesa.

Andino: deja que la pieza te sorprenda

El andino ofrece otra opción para cortar y compartir. Entre piezas hay diferencias de firmeza, sal e intensidad: algunas invitan a poner una tajada en el pan; otras piden un bocado pequeño para disfrutar su sabor.

Prueba unas tajadas con pan y palta. Si el queso tiene un sabor que permanece, dale también un lugar propio en la tabla, con fruta fresca y pocos acompañamientos. Así puedes notar qué cambia entre un bocado y otro sin cubrirlo todo con salsas.

Proponemos un blanco fresco para el pan con palta; si la pieza tiene más intensidad, busca una botella con algo más de cuerpo. También cabe un tinto ligero si te gusta esa combinación. Nuestro recorrido por el queso andino y sus formas de disfrutarlo desarrolla esa diversidad sin tratar todas las piezas como si fueran iguales.

Mantecoso: pan a la mano

El mantecoso está muy ligado a Cajamarca. La información del Gobierno Regional lo menciona entre sus estilos queseros, junto con fresco, andino y tipo suizo.

Cuando tengas una pieza blanda y cremosa, prueba extenderla sobre pan tostado. El borde crocante y el queso suave hacen casi todo el trabajo. Puedes añadir un poco de tomate o servir unas uvas al lado, sin convertir cada tostada en una torre de ingredientes.

Aquí provoca abrir un blanco con frescura o un espumoso seco. Es una propuesta para alternar la sensación cremosa con una copa vivaz. Si usas mermelada, ponla aparte: su dulzor cambia bastante el bocado y puede hacer que un vino seco parezca más austero.

Cómo descubrir cuál te gusta más

Elige dos estilos que contrasten de verdad: fresco y paria, o un andino firme y un mantecoso blando. Una pequeña selección permite prestar atención sin llenar la mesa de piezas parecidas.

Empieza con pan sencillo y sirve los acompañamientos por separado. Después añade fruta, papa o choclo según lo que te provoque. Lo interesante puede estar en la textura tanto como en el sabor: quizá prefieras una mordida firme a un queso cremoso, o disfrutes justamente alternarlos.

No necesitas una botella para cada queso. Un blanco fresco o un rosado seco puede acompañar una selección suave. Si quieres ampliar la mesa, la guía de vino para tablas de quesos y tapas te ayuda con la siguiente elección.

La próxima vez que tengas choclo con queso delante, guarda un bocado para probarlo con esa copa. Es una forma cercana de empezar a descubrir algo nuevo.

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