Un poco de queso azul sobre pan puede ser cremoso y suave al principio, y dejar un sabor salado y persistente después. Esa mezcla explica buena parte de su atractivo. También explica por qué una porción enorme, sin acompañamiento, puede ser una mala presentación si nunca lo has probado.
Hay azules que se untan casi como una crema y otros que se desmenuzan. Si el primero que probaste te resultó demasiado intenso, busca una textura o un sabor más cercano a lo que ya disfrutas.
Una primera cuña sin intimidarse
Si disfrutas los quesos cremosos, empieza por Gorgonzola dolce. El consorcio de Gorgonzola distingue esta versión, más blanda y delicada, de la piccante, más firme e intensa. Dolce no quiere decir que hayas elegido un postre: sigue siendo un queso azul, con su propio aroma y su punto de sal.
Pon una pequeña cantidad sobre un trozo de pan y pruébalo sin miel ni mermelada. Así sabrás qué intensidad tiene. En el siguiente bocado, añade pera o una nuez. El pan reparte el queso; la fruta añade jugosidad; el fruto seco cambia la textura.
Si te gustó pero quisieras más fuerza, la próxima vez puedes pasar al Gorgonzola piccante. Si lo que te atrae es descubrir un sabor diferente, prueba Roquefort. También vale quedarse con el más cremoso y descubrir nuevos acompañamientos.
Los nombres que vale la pena reconocer
«Queso azul» es una familia, no un único queso. Sus vetas se forman con mohos utilizados durante la elaboración. El nombre concreto ayuda a saber qué esperar, aunque entre productores también encontrarás diferencias.
El Gorgonzola permite comparar dos estilos dentro de una misma denominación. Es una buena elección si quieres entender cómo cambia un azul entre una versión delicada y otra más punzante. Tienes más ideas en nuestra guía de Gorgonzola.
El Roquefort se elabora con leche cruda de oveja y tiene un afinado ligado a las cuevas de Roquefort-sur-Soulzon, como explica su confederación de productores. Su identidad no se aplica a cualquier queso de vetas azules. Para descubrirlo, reserva un bocado pequeño y acompáñalo con pan; luego prueba el contraste con un vino dulce. Nuestra guía de Roquefort propone una forma sencilla de servirlo al final de la cena.
El Cabrales abre otra posibilidad para quien busca un azul intenso. Su Consejo Regulador explica que puede hacerse con leche de vaca o mezclas que incluyan oveja y cabra. El nombre no significa que sea necesariamente un queso de cabra. Puedes conocerlo mejor en nuestro artículo sobre Cabrales.
El Blue Stilton suma otra posibilidad a la comparación. El productor Colston Bassett describe el suyo como cremoso, con matices dulces y salados. Si te atrae ese perfil, nuestro perfil de Stilton te permite seguir explorando.
Qué vino abrir con queso azul
Para una porción de azul intenso, proponemos empezar con un vino dulce que conserve frescura. Un Sauternes o un Tokaj Aszú ofrecen ese camino. WSET incluye estos estilos en una propuesta de cata con Roquefort, Gorgonzola y otros azules potentes. El interés está en el contraste entre el dulzor de la copa y la sal del bocado.
Si prefieres vino seco, prueba un blanco con cuerpo junto a un azul más delicado, como Gorgonzola dolce. Un Chardonnay sin una presencia dominante de madera es una opción para explorar. Sirve primero poca cantidad de queso: si ocupa todo el paladar, será difícil percibir lo que aporta la copa.
¿Y el tinto? Puede tener sentido cuando el azul acompaña una hamburguesa, una tostada con carne o una comida más amplia. En ese caso cuentan todos los ingredientes. Para la cuña sola, elegir automáticamente el tinto más potente no garantiza una combinación agradable; puede dejar una sensación demasiado seca.
También puedes descubrirlo dentro de un plato
Si la cuña te parece intensa, una ensalada de pera con pequeños trozos de azul ofrece otra forma de probarlo. Distribuye el queso entre las hojas y deja el aliño suave al principio. Cada bocado tendrá una proporción distinta, y encontrarás la que te gusta.
Otra posibilidad es una tostada tibia con una capa fina de Gorgonzola dolce y nueces. Para una cena, una pequeña cantidad en una salsa de pasta permite explorar su sabor repartido entre otros ingredientes. Puedes servirla como cena y dejar la cuña sola para otra ocasión.
En una reunión, sirve el azul después de los quesos delicados y con su propio cuchillo. Deja pan y fruta al alcance. Así cada persona puede añadir a su pan la cantidad que le provoque, desde una puntita hasta un bocado más generoso.