La carménère nació en Burdeos, desapareció de Europa con la filoxera y renació en Chile, donde hoy es bandera. Encontrarla plantada en la Península de Setúbal es una rareza deliciosa, y muy propia de Casa Ermelinda Freitas, bodega famosa por su colección de variedades de todo el mundo.
Esta versión Reserva fermenta en lagares de acero con maceración prolongada y descansa 12 meses en medias pipas de roble americano y francés. En la copa: fruta negra confitada, especias y ese fondo balsámico inconfundible de la uva; en boca es amplio, aterciopelado, con taninos presentes pero amables y una acidez que lo mantiene fresco.
Si te gusta el carménère chileno, probar su primo portugués es un plan redondo: mismo ADN, otro acento. Va perfecto con carnes, aves con salsas oscuras o unas pastas al ragú. Sírvelo entre 16-18°C.