Las alitas brillantes de salsa entran por los ojos, pero ese acabado se construye al final. Si empiezas con una capa de miel sobre fuego fuerte, puedes tener azúcar quemada antes de que el pollo se cocine cerca del hueso.
Primero vamos a cocinar las alitas con un aliño seco y calor indirecto. Después las doramos y añadimos un glaseado corto de mostaza, miel y vinagre. La salsa queda adherida en una capa fina, sin convertirse en el sabor de todo el plato.
Una tanda para cuatro
Sirve como entrada abundante para cuatro o como plato principal para dos o tres, acompañado de ensalada y papas. Calcula 15 minutos de preparación y 35–50 minutos de cocción.
- 1 kg de alitas de pollo, separadas en sus dos partes carnosas.
- 10 ml de aceite.
- 6 g de sal.
- 1 cucharadita de pimentón dulce.
- ½ cucharadita de ajo en polvo.
- Pimienta negra al gusto.
Para el glaseado:
- 25 g de mostaza preparada.
- 20 g de miel.
- 15 ml de vinagre de manzana.
- 15 ml de agua.
- Ají molido al gusto, opcional.
Usa una parrilla con tapa, pinzas, brocha, dos recipientes pequeños y un termómetro de punta fina. Si compraste alitas enteras, separa las articulaciones; puedes reservar las puntas refrigeradas para otra preparación.
Deja la salsa para después
Seca bien el pollo y mézclalo con aceite, sal, pimentón, ajo y pimienta. Mantén las alitas refrigeradas mientras se calienta la parrilla.
Prepara dos zonas: un lado con brasas y otro sin ellas debajo. En una parrilla a gas, deja un quemador apagado. Busca un calor de cocción aproximado de 190–210 °C con la tapa cerrada. La guía de Weber sobre zonas de calor explica cómo combinar una cocción suave con un acabado directo.
Coloca las alitas en el lado indirecto, en una sola capa, y cierra la tapa. A los 15–20 minutos, voltéalas y cambia de posición las que estén en un extremo menos caliente. Continúa hasta que el pollo esté casi cocido y la piel se vea seca.
Mientras tanto, mezcla los ingredientes del glaseado en una ollita y caliéntalos suavemente 2–3 minutos. Divide la salsa: una porción para la brocha y otra limpia para llevar a la mesa. No devuelvas la brocha al recipiente reservado para servir.
Dora, comprueba y pincela
Empieza a medir la temperatura hacia los 30 minutos. Entra con la punta por la parte carnosa, evitando el hueso, y revisa varias alitas. Si todavía están lejos de su temperatura final, déjalas en calor indirecto.
Cuando estén próximas a terminar, pásalas a fuego directo medio para dorar la piel, uno o dos minutos por lado. Mantenlas en movimiento entre las zonas si la grasa provoca llamas.
Pincela una capa fina de glaseado y devuélvelas al lado suave durante 2–4 minutos. Puedes girarlas una vez y dar una segunda capa ligera. Comprueba que el interior alcance 74 °C, el mínimo de FoodSafety.gov para todas las aves, antes de retirarlas.
Si el glaseado oscurece muy rápido, deja de añadir salsa y aleja las alitas del calor fuerte. Conserva la porción limpia para que cada persona añada más en su plato. No intentes arreglar una capa quemada con otra más gruesa. Sirve sobre una fuente limpia, con la salsa que separaste al inicio.
En una parrilla abierta, el aire caliente no queda retenido alrededor de las alitas; no esperes el mismo comportamiento que con tapa. Una alternativa es cocinar las alitas en horno a 200 °C y pasarlas inmediatamente a la parrilla para dorar y glasear; comprueba igualmente los 74 °C al terminar. No hagas una precocción parcial para guardarlas y completarlas horas después.
Algo fresco al lado y una copa sin dureza
Pepino, zanahoria y una ensalada de repollo con limón equilibran una bandeja que se come con las manos. No necesitas otra salsa dulce además del glaseado.
Para beber, elegiría un rosado seco, frutal y de tanino discreto. Si aumentas mucho la miel, prueba el bocado con la copa antes de decidir: WSET señala que la comida dulce puede volver un vino seco menos frutal y más amargo.
Con ají intenso, revisa también nuestra guía de vino para comida picante. Para una mesa con distintos platos, explora la selección para parrilladas: las alitas no necesitan automáticamente el tinto más fuerte de la reunión.