El camote ya tiene bastante dulzor para la parrilla. Un poco de aceite basta para dorarlo; el limón y las hierbas al final le dan un perfil más fresco, útil junto a cerdo, pollo o unas verduras asadas. Deja la miel fuera de esta versión para que se noten el limón y las hierbas.
La forma más manejable es cocinarlo primero hasta que esté casi tierno y llevar gajos gruesos a las brasas. Así no dependes de que el centro se ablande mientras la cara exterior se oscurece. También puedes adelantar esa primera parte, siempre que enfríes y refrigeres correctamente.
Una fuente para cuatro
Calcula 15 minutos de preparación, 10–15 minutos de precocción de los gajos y otros 8–12 minutos de parrilla. Los tiempos cambian con el grosor y la variedad del camote. Necesitas olla, colador, una fuente amplia y pinzas o espátula.
- 800 g de camote de piel firme, unos 3–4 medianos
- 25 ml de aceite de oliva o vegetal
- 3 g de sal fina
- ½ cucharadita de comino molido, opcional
- 15 ml de jugo de limón
- ½ cucharadita de ralladura fina de limón
- 8 g de perejil picado
- 4 g de culantro picado
- Pimienta negra al gusto
Si prefieres usar solo una hierba, reemplaza el culantro por más perejil. El limón se añade de a pocos al final; algunos camotes necesitan menos para que el contraste resulte agradable.
Mantener los gajos enteros
Lava y cepilla los camotes. Puedes conservar la piel si está en buen estado y te gusta comerla; si no, pélalos antes de cortar. Divide a lo largo en gajos cuyo lado más grueso mida unos 2,5–3 cm. Procura que se parezcan entre sí para poder retirarlos de la olla al mismo tiempo.
Ponlos en agua caliente y cocina a hervor suave. Comprueba desde los diez minutos con un cuchillo fino. Debe entrar en el centro con una ligera resistencia: terminarán de ablandarse en la parrilla. Si se abren al tocarlos, ya fueron demasiado lejos para este método.
Escurre con cuidado y extiende en una sola capa. Deja salir el vapor y espera a que puedas manipularlos. Mezcla el aceite con la sal, la pimienta y el comino, si lo usas. Pincela los gajos en vez de revolverlos enérgicamente dentro de un bowl: las puntas cocidas se rompen con facilidad.
Dorar las dos caras
Prepara calor directo medio y deja una zona menos intensa. La rejilla debe estar caliente y limpia antes de poner el camote. Para piezas pequeñas o irregulares, usa una plancha o canastilla apta para parrilla.
Coloca una cara cortada hacia abajo y cocina unos 4–5 minutos, sin mover cada gajo a cada rato. Levanta uno con una espátula para revisar. Gira sobre la otra cara cortada y continúa unos minutos, hasta dorar y terminar de ablandar el centro.
Weber advierte que las verduras pueden pasar rápidamente del dorado al quemado. En el camote conviene vigilar especialmente las puntas: si se oscurecen antes que el resto, oriéntalas hacia la zona suave o retira ese gajo primero.
Llévalos a una fuente limpia. Añade diez de los quince mililitros de limón, la ralladura y las hierbas. Prueba un bocado y decide si necesitas el resto. Para repartir sin romper, inclina suavemente la fuente y utiliza una cuchara para recoger el aliño del fondo.
Si quieres adelantarlos, enfría los gajos precocidos en un recipiente poco profundo y refrigera pronto. No los dejes sobre la cocina toda la noche. La orientación de USDA para la comida de parrillada exige frío para los perecibles y refrigeración oportuna. Al día siguiente, el acabado puede tomar más tiempo porque los gajos parten fríos. Usa calor moderado y comprueba con un termómetro que alcancen 74 °C en el centro, la pauta para recalentar sobras. El cuchillo debe entrar sin resistencia.
Rosado frutal, sin convertir el camote en postre
Elegiría un rosado seco, con fruta expresiva y suficiente acidez para el limón. La palabra frutal habla aquí de aroma y sabor, no obliga a que el vino tenga azúcar. El camote forma parte de un plato salado y lleva hierbas; eso cuenta tanto como su dulzor natural.
Si lo cubres de miel o de una salsa muy dulce, el panorama cambia. WSET explica que una comida dulce puede hacer que el vino seco parezca más amargo y menos frutal. Esta receta evita esa capa extra precisamente para conservar una guarnición versátil.
Un rosado puede compartir la mesa con pollo y cerdo; con una carne muy intensa, decide pensando en todo el plato. Para comparar con otras preparaciones, vino con comida vegetariana ayuda a leer esas combinaciones. Para empezar, revisa los vinos rosados y busca uno seco y fresco que no dependa de mucho alcohol para tener presencia.