Aprender de vinos · 4 minutos

Gouda y Edam: dos quesos conocidos que vale la pena volver a probar

Edam, Gouda y los principales quesos holandeses

El Edam del sánguche y el Gouda de la tabla pueden parecer viejos conocidos. Hasta que pruebas un Gouda añejo: se rompe en pequeños trozos, se queda más tiempo en la boca y tiene poco que ver con aquella tajada flexible que ponías dentro del pan.

Ahí está el interés de volver a estos quesos. Puedes descubrir sabores nuevos a partir de quesos que ya conoces. Un Edam, un Gouda joven y otro madurado bastan para una comparación deliciosa.

Parecidos, pero no iguales

Gouda y Edam comparten una tradición neerlandesa y un lugar cómodo entre los quesos que se comen solos y los que entran en la cocina. En sus versiones suaves, ninguno necesita demasiados acompañamientos para resultar agradable.

El U.S. Dairy Export Council explica una diferencia habitual: el Gouda se elabora con leche entera y el Edam con leche parcialmente descremada. En la mesa, eso ayuda a entender por qué el Gouda joven suele sentirse más mantecoso y el Edam más ligero. La maduración y la pieza concreta también cuentan; no elijas solo por el nombre.

Con Edam, busca una mordida firme pero fácil, sabor suave y un final que no invada los otros piqueos. Queda bien cuando quieres comer queso con pan, tomate o fruta y dejar espacio para los demás sabores.

El Gouda joven puede ofrecer una sensación más cremosa y envolvente. Si prefieres quesos amables, pero quieres que la cuña tenga un poco más de presencia, es un paso interesante. Para comparar ambos, sirve tajadas de tamaño parecido y deja los acompañamientos al costado.

El Gouda que cambia de personalidad

La maduración abre otra posibilidad. Un Gouda añejo tiene más firmeza e intensidad que uno joven y puede volverse quebradizo. Ya no siempre conviene intentar sacar tajadas perfectas: los trozos irregulares se disfrutan muy bien tal como salen.

En algunas piezas aparecen matices que recuerdan a frutos secos o caramelo. Ese recuerdo de caramelo describe una impresión de sabor; no significa que el queso lleve azúcar añadida. Tampoco todos los Goudas maduros saben exactamente igual.

Si puedes escoger, pide una porción pequeña de Gouda joven y otra de uno con más maduración. Comerlos uno después del otro muestra la diferencia mejor que una larga lista de adjetivos. Conserva el envase o pregunta los meses de la pieza que más te guste: «añejo» orienta, pero una edad concreta te ayuda a repetir la compra.

Si disfrutas esa textura firme y ese sabor que permanece, tu próxima parada puede ser el Parmigiano Reggiano. No saben igual, pero ambos merecen probarse en trozos, sin pasar antes por el rallador.

Otros quesos holandeses para seguir probando

Si el Gouda y el Edam ya te resultan familiares, Maasdam permite cambiar de textura y sabor. Se reconoce por sus agujeros; Frico describe el suyo con notas dulces y de nuez. Puedes probar unas tajadas junto al Edam para descubrir cuál prefieres con pan y manzana.

Leyden o Leidse kaas cambia otra cosa: incorpora comino, como recoge el portal oficial de turismo de los Países Bajos. Si te gustan los quesos con especias, prueba un trozo solo antes de añadir acompañamientos: aquí el condimento ya viene dentro.

También puedes encontrar Boerenkaas, una denominación tradicional de queso elaborado en la granja con leche cruda, recogida en la especificación oficial neerlandesa. Ese nombre habla de su elaboración; pregunta por la leche y la maduración para imaginar el sabor de la pieza concreta.

Dos caminos para el vino

Para Edam o Gouda joven, un blanco seco y fresco es una elección fácil de llevar a la mesa. Un Verdejo ligero, por ejemplo, acompaña una selección de pan y quesos suaves. Si quieres burbujas, prueba un espumoso seco. No necesitas añadir miel para volver interesante el bocado.

Para Gouda madurado, puedes abrir un tinto con fruta y cierta crianza. Un Tempranillo de intensidad moderada permite explorar cómo se llevan los sabores del queso con las notas del vino. Conviene elegir una botella que ya disfrutes, no la más potente disponible solo porque la cuña sea vieja.

Un blanco con más cuerpo también merece un lugar con el Gouda añejo. Si te gustan los blancos, no hay motivo para abandonarlos al avanzar en la maduración del queso. Busca una copa que combine frescura con una textura más amplia, capaz de acompañar un bocado persistente.

¿Habrá una sola botella? Deja que la mayoría de los quesos decida. Para una tabla dominada por Edam y Gouda joven, mantén la elección fresca; puedes reservar el Gouda más intenso para el final. Nuestra guía para combinar una tabla con vino desarrolla esa elección para mesas más variadas.

Lo que pondríamos al costado

Pan sin demasiados sabores añadidos, unas tajadas de manzana y nueces bastan para empezar. No hace falta llenar la tabla de pequeños recipientes. Deja espacio para cortar el queso y para que cada persona arme el bocado que le provoca.

Con el Edam, el pan y la fruta mantienen el conjunto ligero. Con el Gouda madurado, una pequeña cantidad de membrillo permite explorar el contraste dulce y salado; sírvelo aparte, porque ese dulzor también cambia cómo se siente el vino.

Y si sobra una parte bien conservada, vuelve al sánguche. Haber descubierto una cuña en la tabla no la vuelve demasiado elegante para el pan de mañana. Solo te da una razón más para elegirla con gusto.

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