Licores y Destilados · 4 minutos

Clericó: receta con vino blanco y fruta fresca

Clericó de vino blanco con piña, uvas y manzana, servido con hielo.

La piña ya está cortada, las uvas están frías y el almuerzo pide algo que puedas servir en una jarra. El clericó aprovecha ese antojo de fruta fresca. Hay pedacitos para comer al final y vino blanco para acompañar la mesa; la ensalada de frutas acaba de conseguir otro plan.

Aquí te proponemos una versión con blanco seco y soda, sin licor ni jarabe en la receta base. La fruta va cortada, no licuada. Así puedes reconocer cada bocado y la bebida mantiene una textura de vino con burbujas.

Qué lleva este clericó

El clericó es una bebida de vino con fruta cortada, con versiones que cambian según el país y la casa. Esta propuesta combina 750 ml de vino blanco seco, 150 ml de soda, uvas, piña y manzana. Se mezcla con ingredientes fríos y se sirve enseguida, con hielo en los vasos.

No hay una frontera doméstica universal entre clericó y sangría blanca. En estas recetas los distinguimos por la preparación: el clericó se sirve recién mezclado; la sangría blanca lleva jugo de naranja y un reposo de treinta minutos.

Receta de clericó con vino blanco y fruta

Porciones: 6 porciones de aproximadamente 150 ml, más fruta y hielo. Preparación activa estimada: 10 minutos. Parte de ingredientes ya fríos; el enfriado previo no está incluido.

Ingredientes

  • 750 ml de vino blanco seco, frío
  • 150 ml de soda o agua con gas, fría
  • 250 g de piña pelada y sin centro duro, en cubos
  • 150 g de uvas lavadas, partidas por la mitad y sin semillas
  • 1 manzana firme, sin corazón y cortada en cubos
  • Cubos de hielo para servir
  • 5 ml de jarabe simple de azúcar, opcional, para ajustar tras probar

Preparación

  1. Coloca la piña, las uvas y la manzana en una jarra de al menos 1,5 litros.
  2. Añade los 750 ml de vino blanco frío y mezcla.
  3. Prueba una pequeña cantidad. Si deseas más dulzor, ajusta con 5 ml de jarabe simple; es opcional.
  4. Vierte los 150 ml de soda y remueve suavemente.
  5. Reparte el líquido y la fruta entre seis vasos con hielo y sirve enseguida.

Usa una jarra de al menos 1,5 litros. El rendimiento es de seis porciones pequeñas, con unos 150 ml de líquido cada una, además de la fruta. Pon una cuchara de servir al lado si quieres repartir los trozos sin perseguir una uva por la jarra.

El blanco que le deja sitio a la piña

Empieza por un vino seco y joven. Un Verdejo es una opción para empezar: la D.O. Rueda describe su perfil con fruta, notas herbales y acidez. Ese estilo permite sumar piña y manzana sin partir de una base muy dulce.

Puedes usar otro blanco que te guste solo. Si tiene aromas intensos de madera o se siente denso para tu antojo, quizá prefieras abrir uno más sencillo para la jarra. La etiqueta no necesita ser costosa; sí estar bien conservada.

También puedes usar un espumante seco en lugar del blanco, añadiéndolo con suavidad al servir. Con las mismas cantidades puedes cambiar el blanco por rosado seco. Es una variación de esta receta. Si te atrae más un vaso individual con fresas, mira el spritz de rosado.

Corta la fruta pensando en el vaso

La piña va en cubos pequeños, sin el centro duro. Parte las uvas por la mitad y retira las semillas si las tienen. La manzana se corta justo antes de mezclar para que llegue firme a la mesa.

Evita llenar la jarra con toda la fruta que haya quedado en la cocina. Para esta propuesta usamos 250 g de piña, 150 g de uvas y una manzana. Hay suficiente para repartir sin convertir cada vaso en una búsqueda del vino perdido.

Si prefieres durazno en lugar de piña, usa 250 g de pulpa firme cortada. El dulzor cambiará con la fruta. El plátano puede deshacerse y cambiar la textura, por lo que lo dejamos fuera de esta versión.

El hielo en el vaso y la soda al final

Enfría vino, soda y fruta antes de mezclar. Añade el agua con gas cuando estés por servir. Reparte el hielo entre los vasos y deja la jarra sin cubos mientras espera en la refrigeradora.

El educador de WSET Liam Scandrett trata la dilución como parte del equilibrio de una bebida. En una jarra de fruta, esa idea se vuelve práctica: evita añadir agua sin darte cuenta mientras todos conversan.

¿Lo quieres más dulce? Prueba primero. Puedes incorporar 5 ml de jarabe simple, mezclar y ajustar de nuevo. Es azúcar disuelta en agua; la receta de sangría tinta explica cómo preparar un poco. Si usas vino semidulce o gaseosa en lugar de soda, deja el jarabe fuera al comenzar.

Un almuerzo que le queda bien

Prueba servirlo con ensalada de pollo, causa o sándwiches de queso fresco. La piña de la jarra aporta fruta suficiente; no hace falta que toda la comida sea dulce para acompañarla.

Si preparas un almuerzo en el patio, lleva solo lo que vas a servir y guarda el resto frío. Puedes adelantar el lavado y el enfriado de la fruta; la mezcla final toma diez minutos aproximados.

Explora los vinos blancos o busca otra idea de jarra en la guía de cócteles con vino.

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